lunes, 16 de diciembre de 2013

El separatismo, arma secreta de Bruselas.

 

El año que viene amenaza con desembocar en un "desfile de soberanías" en Europa. Escocia realizará en septiembre un referendo sobre su independencia. Para noviembre el plebiscito sobre idéntica cuestión está fijada en Cataluña. Los expertos estiman que su ejemplo puede ser imitado por otras provincias de algunos estados. Y emiten una hipótesis a primera vista paradójica: la división de Europa en "principados feudales" puede ser conveniente para Bruselas.


La votación sobre la independencia de Cataluña está fijada para el 9 de noviembre de 2014. El gobierno de esta provincia española adoptó tal decisión a despecho de la prohibición directa de Madrid. Ya a principios del año que finaliza el parlamento catalán aprobó la declaración sobre la soberanía. Empero, la Corte Constitucional declaró inmediatamente ilegal este documento. El paso actual del gabinete de ministros de Cataluña fue comentado por la capital española en el mismo sentido: No habrá referendo alguno. En respuesta la provincia secesionista declaró: allí se proclamará unilateralmente su independencia.

Escocia efectuará su referendo sobre la escisión de Gran Bretaña el 18 de septiembre del año que viene. Londres se desvive por suavizar los agudizados problemas nacionales: permitió el referendo y concedió a Gales cierta autonomía económica.

Es difícil decir cuál de las posiciones es más conveniente: un "No rígido" de Madrid o el incierto "puede ser…" de Londres. Pero es lo más probable que los catalanes y los escoceses sean los pioneros en el "desfile de soberanías" europeo, considera el politólogo Leonid Savin:

–Creo que por el momento la cuestión va a resolverse directamente en España y Gran Bretaña. Y ellos pueden dar la pauta a otros movimientos. La cuestión no está en qué grado se dividan los estados: es posible que vaya a cambiar el propio mapa de Europa. Porque no fue trazado según principios étnicos. Por ejemplo, en Rumania hay un amplio territorio poblado por húngaros. Y Hungría plantea a permanencia esta cuestión. Por otro lado, puede haber intentos de reunificación de estados. Por ejemplo, en la ex Yugoslavia se dan ciertos intentos de reunificación de Montenegro con Serbia.

La idea de la integración europea en las últimas dos décadas ha devenido una suerte de bandera de lucha de la UE. No obstante, cuánto más países engloba la UE, tanto más tierras aparecen en ella que acarician el ensueño de su independencia.

Contra tales problemas con brotes de conciencia nacional ni siquiera están asegurados los gigantes europeos: Francia y Alemania. París puede tropezar con adversidades no solo en Córcega, sino asimismo en Elsacia y Lotaringia. Berlín tiene su propio motivo de inquietud: incluso algunos de los connotados políticos opinan que Baviera hace tiempo que debiera declarar su independencia.

En Bruselas, empero, la aspiración de las naciones a la autodeterminación no genera sensaciones desagradables. Los funcionarios de la UE prometieron ya a los catalanes admitirlos en la Unión en caso de que se sobrepusieran a Madrid. Las mismas promesas recibieron los escoceses, los flamencos ansiosos de separarse de Bélgica, los habitantes de las ciudades del Norte de Italia. Según el parecer de algunos politólogos, la "epidemia" de separatismo es incentivada por Bruselas. Los funcionarios europeos quieren así arrancar los resortes de mando a los mayores países líderes de la UE. Con el actual sistema proporcional de toma de decisiones apenas cuatro de los cinco "grandes" europeos (Alemania, Francia, Gran Bretaña, Italia y España) son capaces de imponer su voluntad a los demás veintitrés estados de la UE. La división de estos grandes en varios estados "históricos" más pequeños puede aumentar la gobernabilidad de la Europa unida. En tal caso el aparato de la UE contaría por fin con un papel real en la política paneuropea.

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