miércoles, 25 de junio de 2014

Noticias: RAJOY CHORIZO.

Cumbre Hispano-Polaca.
 
La prensa polaca llama "Chorizo" al presidente de España por defender al corrupto gobierno polaco que está sumido en una enorme crisis por las filtraciones. El Gobierno del PP nos contará que "el prestigio de España sigue creciendo". A estos del PP ya los ven hasta a 3.000 km de distancia.


domingo, 22 de junio de 2014

PODEMOS es una creación del PP (esto es, del sistema), ellos ganan, tú pierdes.

Ese partido ha obtenido semejante representación parlamentaria gracias a la promoción hecha por las televisiones controladas por el PP.

Objetivo:

Varios, el primero es dividir el voto entre las fuerzas de "izquierdas": PSOE, IU, y Podemos, por lo que en las elecciones que vienen la ley electoral favorecerá masivamente al PP.

En segundo lugar con semejante partido lo que se busca es movilizar al voto de "derechas", movilizarlo mediante el voto del miedo, el "¡qué vienen los rojos!" será la frase que movilice al electorado de viejunos que no tenían pensado votar en las próximas elcciones.

Y por otra parte el programa electoral de PODEMOS es exactamente igual que el real del PSOE o el PP en los temas claves para la agenda mundialista:

-Feminismo.
-Inmigración (plan Kalergi).
-Destrucción de la familia.
-Estado policial orwelliano.

Gane quien gane tú pierdes.

¿Por qué las televisiones del sistema (o sea, todas) no han dado cancha a ningún partido nacionalista español?

Obvio.

miércoles, 18 de junio de 2014

EL FIN DE UN ERROR HISTÓRICO.

En estos días en los que las loas a D. Juan Carlos I De Borbón y Borbón se suceden sin medida, desde el punto de vista de la Ciencia Política habría que valorar su reinado a partir del principio de legitimidad, fundamental en el examen histórico de la institución Monárquica. La legitimidad puede ser de origen o de ejercicio. Lo ideal es que en un monarca coincidan ambas, pero no siempre es así.
 
Respecto a la legitimidad de origen, Juan Carlos I carece de ella al menos por doble motivo. Los antecedentes históricos de la rama Alfonsina no entroncan con la tradición sucesoria, sino con la imposición del bando liberal vencedor en las guerras carlistas con la complicidad de la felonía de Fernando VII, que en claro fraude de ley hizo jurar la corona a su hija Isabel cuando era menor de edad -y por tanto incapaz-, para apartar a su hermano, (el pretendiente D. Carlos), de una Corona a la que según las leyes del reino estaba llamado. Si a eso unimos que algún historiador cuestiona la ascendencia real de Juan Carlos y de sus predecesores (desde Alfonso XII) desde el momento en que afirman que descienden de un capitán de ingenieros valenciano (D. Enrique Puig Moltó) amante de la golosa y fogosa reina Isabel II de rotundas carnes, resultaría que la legitimidad de origen de Juan Carlos es de entrada  cuanto menos dudosa.

Pero ahí no acaba la cosa, dado el gusto que tenía el Generalísimo Franco de dejarlo todo “atado y bien atado” (cosa que de poco sirvió, pues su sucesor lo desataría todo en un santiamén), inmiscuyéndose en el orden de sucesión a la Jefatura del Estado, apartando a D. Juan de Borbón del trono por sus castrenses bemoles para colocar a su patrocinado Juan Carlos, lo cual aunque en principio parecía una jugada maestra, dada la tendencia a la conspiración y la anglofilia del masonazo Conde de Barcelona, fue un fiasco por el proceder posterior de su predilecto hijo adoptivo político.

En cuanto a la legitimidad de ejercicio, tampoco la tiene consigo Juan Carlos. Recibió todos los poderes del Estado que había concentrado el General Franco, que era un verdadero legislador ambulante, para despojarse de ellos “por er bien der pueblo” según dijo Felipe González, aunque a mi juicio fue por el bien de su tranquilidad, dado que a menor poder menos responsabilidad, y por tanto más tranquilidad.

Y es que a la luz de la evolución política de la Corona y de los escándalos que todos conocemos, ya hace bastantes años que se podía concluir que el fin principal que perseguía S.M. el Patrón del Bribón cuando renunció a ser un monarca absoluto era el buen vivir (“a mi dejádmelo todo hecho” le dijo a Suárez, refiriéndose a la Constitución), de manera que esa pérdida de potestades fue una manera de evitar responsabilidades cómodamente. De la misma manera, había abandonado al poco de morir Franco al pueblo saharaui a su suerte frente al invasor marroquí, como abandonó a Carlos Arias, a Suárez y a Aznar cuando ya no le hacían falta.

Desde su configuración legislativa como monarca constitucional, la costumbre de evitar responsabilidades pasó del vértice de la pirámide del poder a sus súbditos, y se fue generalizando una manera de gobernar por la que ningún político es responsable de nada. De la idea de servicio (público) se pasó a la de vicio. El vacío de poder dejado por el Rey que no quería gobernar se tradujo en la vorágine carnavalesca de proclamación de pretendidos “derechos históricos” y autodeterminaciones varias. Por ello, a mi juicio, la principal responsabilidad histórica de Juan Carlos I ha sido la causa principal del desastre de la España del último tercio del siglo XX y principios del XXI: La pérdida del principio de autoridad, básico para el buen funcionamiento de cualquier sociedad.

Se ha dicho a favor de Juan Carlos (esto lo sostiene hasta Pilar Urbano, la periodista que ha hecho tambalear más si cabe a la Zarzuela por las revelaciones de su último libro) que mucho se le ha de perdonar a Juan Carlos por la durísima infancia que padeció, aislado de sus padres y en tierra extraña, despreciado públicamente por falangistas y carlistas que lo humillaban cuando llegó a España. Pero esto no es una razón de peso para disculpar no estar a la altura de los deberes para la Nación, pues su predecesor en la Jefatura del Estado tuvo también una infancia horrible, maltratado y humillado por un padre borracho y demasiado liberal para ser un buen esposo y cabeza de familia, y ello no le impidió sacrificarse por lo que entendía como el bien de España hasta su último suspiro estando “al pie del cañón”, -como él mismo decía-, durante 38 años a costa de su salud.

Resulta bastante gracioso ver los generosos epítetos que hoy dedican los rotativos europeos y estadounidenses al Rey cesante. Al empezar su reinado, la prensa extranjera del mundo Occidental fue inmisericorde con D. Juan Carlos y lo trataba duramente, calificándolo de “sucesor del dictador” “Rey Bobo”, “Juan Carlos el Breve” (aludían con ello tanto a la brevedad de sus palabras como a lo que presuponían duraría su reinado), etc. Sin embargo, el camaleónico monarca ha sabido sobrevivir políticamente, primero aparentando ser el más fiel sucesor del Generalísimo; después apareciendo como el alumno aventajado de Henry Kissinger para conseguir el sometimiento de España a los dictados de los organismos internacionales (sobre todo de la UE y de la OTAN), más adelante patrocinando la Transición junto a Suárez, al que le dio la patada cuando le convino (como hizo con otros como Carlos Arias). Finalmente, ganándose al espectro político de centro-izquierda desde la mascarada chapucera del CSID en el 23-F, (de la que era perfecto conocedor como Jefe de las Fuerzas Armadas) a costa de socavar el apoyo que tenía en la derecha, a la que dando por sentado su respaldo maltrató y menospreció (ahí está el ejemplo de sus relaciones poco cordiales con Aznar cuando éste le retiró la asignación económica que le suponía pingües beneficios por cada galón de gasolina que se vendía en España). Por supuesto, borboneó y aduló a la izquierda y a los separatistas, compartiendo mesa y mantel con González, Carrillo o Ibarreche, sin discutir las pretensiones secesionistas de este último pues “hablando se entiende la gente”.

Estos días se repite machaconamente la idea (que llevan diciendo los últimos treinta años), de que gracias al Rey España ha accedido a la mejor etapa de su historia en prosperidad económica y libertad, pero esto es una absoluta tomadura de pelo. El cálculo del crecimiento de los años de bonanza (los hoy añorados años de Aznar) se basó en los resultados económicos de las grandes empresas y de las entidades financieras, por lo que crecieron las ya grandes fortunas de los especuladores y la de los “tratantes” de trabajadores a costa de la más descarada esclavitud laboral. Estas economías de especulación son una doble carga para el poder adquisitivo de los trabajadores, la primera subiendo los precios de los productos y la segunda hipotecándose (ya sean hipotecas de viviendas o préstamos para el consumo) para poder pagarlos. 

El verdadero “milagro económico español” no se lo debemos a Juan Carlos, sino a su predecesor en la Jefatura del Estado, que organizó con orden el monumental esfuerzo colectivo que protagonizó la sacrificada generación de nuestros abuelos que entre 1939 y 1975 convirtieron una España en ruinas, arruinada por la guerra y expoliada por los considerados hoy “héroes de la democracia” (Negrín, Largo Caballero, Carrillo y demás ralea) en una de las principales potencias económicas del Planeta. Carlos de Meer, en un trabajo que es una síntesis estadística sumamente lúcida, explica el "milagro económico español", que transforma un país, arruinado y con una relativa autarquía impuesta por el bloqueo, en la octava potencia industrial del mundo. Unos datos entre muchos: en 1940 se producía 1.200.000 toneladas de acero y en 1975 se llegó a 11.300.000. En 1940 se consumía 5 kg de papel por habitante y año, y en 1970 once veces más. Y así sucesivamente. El balance económico de la era de Franco es el más brillante de la historia de España. Los efectos sociales son trascendentales: en 1940 la clase media constituía el 18% de la población, y en 1974 esa cifra casi se cuadriplica hasta alcanzar el 66%.

Gracias a los gobiernos que ha habido en este régimen que Su Majestad ha favorecido desde su poltrona, hoy la clase media española está amenazada de extinción. Somos un país completamente dependiente de la energía del exterior. Nuestra deuda pública hipotecará a nuestros hijos, nietos y biznietos de generación en generación. Nuestra soberanía política y económica solo existe sobre el papel, desmenuzada desde el Tratado de Maastritch de 1992 y la puesta en práctica del nefasto Título VIII de la Constitución del Estado Autonómico.

No voy a acompañar al coro de los aduladores del responsable en origen de nuestro desastre colectivo durante los últimos 40 años. Majestad, Vd. recibió un país que era la octava potencia económica del Planeta y hoy está en el lugar decimotercero, y va  camino de convertirse en el 2025 en la vigésimo quinta. Vd. recibió todo el poder del anterior Jefe del Estado y lo dilapidó, pasando de la autocracia a la memocracia, de ésta a la autonomía, para acabar en la anarquía, que es lo que hay hoy en España.

Al empezar su reinado en España estaban protegidos eficazmente por el Estado todos los derechos laborales menos el de representación colectiva, y hoy la mayoría de la población está en paro o sometida a condiciones laborales de semi-esclavitud (sobre todo los más jóvenes).

Vd. recibió una España cohesionada sin grandes diferencias de renta entre regiones, con una clase media que propiciaría los cambios necesarios para la consolidación de lo que Vd. y la casta política española denomina “democracia” que no es más que una oligocracia.

Vd. sancionó la Ley de Amnistía, las del aborto, la LODE, la LOGSE, y tantas decenas de leyes infames que nos han convertido en un pueblo sin principio de autoridad, ni cultura ni responsabilidad colectiva.

Majestad, en una ocasión, hará ya nada menos que 30 años, Vd. dijo en el Monasterio de El Escorial, muy cerca de las tumbas de sus predecesores que tanto sacrificaron por España, que Felipe II fue “un error histórico”. Vista la trayectoria de su reinado me atrevería a decir, -y disculpe la franqueza que me caracteriza como la que tenía su antecesor en la Jefatura del Estado-: “Majestad, el error histórico es Vd. Váyase con pena y sin gloria como lo hizo su abuelo.”

Luis-Tomas Zapater Espí.

miércoles, 4 de junio de 2014

La abdicación de Juan Carlos I.

Adiós Bribón.

La Marcha de Juan Carlos I no puede ser si no motivo de alegría para los verdaderos patriotas españoles. Pese a las insistentes loas desde los medios de comunicación y de parte de la casta política la realidad es que la jefatura de Estado de Juan Carlos I deja una España devastada, que arroja un saldo más que desfavorable.

Los medios de comunicación durante estos últimos 40 nos han presentado a un monarca simpático, campechano, con apenas poder político y por lo tanto con ninguna responsabilidad sobre lo que sucede en España pero la realidad es que la Monarquía, encarnada en Juan Carlos ha sido uno de los pilares que han mantenido este régimen y su Majestad ha sido una de las personas más poderosas en España.

Fue nombrado heredero el año en que nací, en el 69 y se va tras un reinado lleno de escándalos, infidelidades, borracheras, malas compañías y hermandades, sospechas, corrupción y traiciones. Que los medios de comunicación lo presenten como el Rey que “unió a todos los españoles” no deja de tener una profunda ironía ya que atravesamos el momento en que los separatismos locales tienen más poder político de nuestra historia, separatismo que no parecía incomodar demasiado a su Majestad.

Su papel, siendo el jefe supremo de las Fuerzas Armadas y de los servicios secretos del país, ha sido más que cuestionable en todos los grandes casos que han afectado a España; asesinato del Presidente Carrero Blanco, 23F, Masacres de ETA, GRAPO y Extrema Izquierda en general, Crimen de Alcacer, 11M, Islamización de España, sumisión a la OTAN, asaltos a Ceuta y Melilla… Sus servicios secretos han trabajado libremente para desarticular cualquier posible opción patriota facilitando siempre y en todo momento el avance de la izquierda por lo que se ganó el título de dudoso honor de “Rey Republicano” otorgado por su buen amigo ZP.

La España que lega a su hijo es una España en crisis, sin soberanía económica, militar o política, entregada a la UE y la OTAN, con seis millones de parados, desindustializada, con su ganadería, pesca y agricultura heridas de muerte, con una casta política enquistada en el poder antiespañola, donde los terroristas de ETA se sientan en los parlamentos autonómicos y nacionales, llena de mezquitas desde las que se predica el odio a España, Ikastolas y Escolas donde se hace lo mismo, invadida, con más de 6.000.000 de extranjeros, envejecida, sin natalidad autóctona…. Una España destruida sin que el monarca, lejos de sus ridículos e interminables discursos de Navidad dijese o hiciese nada para impedir esta deriva. Una España sin futuro, deprimida, diametralmente opuesta a la que el recibió del anterior jefe de Estado, el Generalísimo Franco.

No cabe duda que el mayor error del viejo General fue confiar España a este fratricida, vividor, caradura y amigo de lo ajeno que ha tratado a España como su cortijo particular el cual podía parcelar, vender y saquear a placer para cubrir sus propias necesidades, que han sido muchas.

Hacia la III Republica.

Esta alegría por su marcha no nos hace ver el futuro sin preocupación, al contrario. No vemos en el Príncipe de Asturias, casado con una izquierdista, el carisma necesario para volver a dotar de contenido a la Monarquía Española, es decir, el carisma necesario para convertirla en un baluarte de la defensa de nuestra unidad, independencia y soberanía nacionales y en un baluarte de la defensa de los valores tradicionales de las monarquías europeas. Por lo tanto la Monarquía, asediada por sus enemigos y carente de ningún sentido va a dar paso inexorablemente a la III república. Una republica que mucho nos tememos no será un modelo como el que le gustaría a Democracia Nacional, una Republica Nacional que garantizase la unidad de los hombres y las tierras de España y la continuidad de nuestra cultura y valores, si no la continuación de la II Republica, el gobierno comunista, violento y brutal que enfrentó a hermanos contra hermanos. Volvemos al 36.

Si al cóctel de la abdicación, realizada sin ningún mérito ni generosidad, si no cuando más baja estaba la popularidad del Mataelefantes y su familia de ladrones (Caso Noos) añadimos el ascenso de la ultraizquierda propiciado y financiado desde poderosos lobbies de la comunicación podemos vaticinar que el futuro de España no es nada halagüeño. Se están dando todos los ingredientes para que España viva una de esas primaveras financiadas desde las cloacas de Washington que han vivido otras naciones del mediterráneo o que están viviendo países europeos como Grecia o Ucrania.

El Rey hace mucho que parece que perdió el favor de los grandes poderes fácticos y en el auge patrocinado por el gran capital de todos los republicanismos de la izquierda radical tenemos la prueba y es que al final, Roma nunca paga a traidores… por eso hace esto, por eso hace eso a lo que nos tienen tan acostumbrados los Borbones… salir corriendo y dejar el marrón a otros. Ahora, a toda prisa, antes de que el PP se parta en pedazos y el PSOE se descomponga, antes que aupados por los medios de comunicación de masas la turba republicana de ERC, IU, Podemos, BILDU y demás dementes entren en tropel en el parlamento en las próximas elecciones, convirtiendo el parlamento en un guirigay inestable a lo Europa del Este, su Bajestad redactará una ley para blindarse él y su familia que el PPSOE firmarán gustosos… ridículo gesto de un anciano cobardón… ¿Después de más de 40 años en la jefatura del Estado aún no ha aprendido que la izquierda jamás respeta las leyes en cuanto tiene poder?

Lo que es seguro es que en busca de la protección de un retiro dorado fuera de España, no dudará en vender y ofrecer lo que le pidan, así que si nos lo han robado todo durante estos últimos años… apriétense aún más los cinturones.

No se si lo que vendrá después será peor, viendo la deriva de España estoy seguro de que sí pero, sea como sea no te echaré de menos, Bribón.

Manuel Canduela. Presidente de DN

martes, 3 de junio de 2014

ANTROPOLOGÍA DEL PATRIOTERISMO ESPAÑOL.

ANTROPOLOGIA DEL PATRIOTERISMO ESPAÑOL

Visto el fracaso en España de las opciones políticas autodenominadas “patriotas” para conseguir representación en Bruselas en estas elecciones del 25 de mayo de 2014, ha llegado la hora de hacer una breve reflexión de las causas que han impedido desde la base, desde simpatizantes y militantes de opciones varias, la consecución de los objetivos políticos que se pretendían en las elecciones. Se define el patrioterismo como un “amor excesivo a la patria”. Esta definición literal del mismo impide afirmar que en España exista realmente este defecto entre la población de manera detectable, dada la desafección de buena parte de la Nación española actual hacia su patria (que queda plasmada en el aumento vertiginoso del voto hacia el independentismo vasco o catalán). Sin embargo, voy a atreverme a proponer otra definición del patrioterismo más acorde con el fenómeno humano que está en la base del fracaso de diversas opciones patrióticas: Hay una serie de personas clasificables en varios tipos psicológicos que presumen de algo de lo que carecen, y por ello me gustaría clasificarlas como “patrioteras” dando con ello a entender que no se corresponden sus hechos con ese pretendido amor a la patria del que alardean.

¿Cómo se puede pretender la tan cacareada unión de las fueras nacionales con personas que en lugar de sumar restan? A mi juicio, los “patriotas patrioteros” a los que me refiero se clasifican en 7 categorías:

1ª) El patriota liberal (peperito y derivados –VOX, Ciutadans, etc.-). Ser liberal y patriota es una contradicción, porque las bases filosóficas del liberalismo (invento político creado en la archienemiga Inglaterra) conducen a un ecumenismo incompatible con el patriotismo o verdadero nacionalismo (o el ecumenismo relativista del multiculturalismo o el de la pseudo-teología de los “derechos humanos”). El patriotero peperito se sorprenderá continuamente cómo un partido que cree patriota como el PP permite la derogación de la doctrina Parot, el acercamiento de los terroristas o la excarcelación de Bolinaga. Sus lloriqueos plañideros contra el PP no le impedirán votarlo porque “peor es que ganen los rojos” sin querer creer nunca que el PP es uno de los dos principales sostenes de esta farsa a la que llaman “Estado de Derecho democrático y social”. Traducido en su lenguaje y para que lo entienda, el PP es “el policía bueno”, mientras el PSOE es “el policía malo”. Eso sí, desconoce o no quiere saber nada de que el PP ha sido mucho más represivo contra los patriotas que el PSOE, en especial creando los tipos penales de delitos de opinión.

2ª) El patriota mediático (el patriota digital). Piensa que por crear un medio de comunicación en internet con cierto eco en el ambiente patriota (eco que en parte consigue sumando uno o dos ceros a la derecha del contador de visitas que utilice) automáticamente va a crear un movimiento patriótico y todos los que llevan décadas tratando de hacer algo van a ponerse a sus órdenes. Presume de saberlo todo, pero en realidad sabe muy poco de casi todo (salvo de periodismo sensacionalista): Escasos conocimientos de Ciencia Política y ni puñetera idea de Derecho. Eso sí, mucha demagogia y amarillismo. Cambia de amistades y aliados políticos como una veleta. Un día eres para él Dios y a la semana siguiente el Diablo. Sus maniobras políticas con ciertos compañeros de viaje a los que acaba recurriendo, -pese a haberlos criticado duramente en el pasado como “falsos patriotas”-, le hacen sospechoso de pertenecer también a la séptima categoría de esta lista a la que dice detestar.

3ª) El patriota cibernético (ciberpatriota). Es el que acostumbra a enviar decenas de mensajes pidiendo explicaciones o aclaraciones sobre el partido o su programa por no molestarse en leer la actualidad del mismo o el programa. Sugiere magníficas estrategias de acción a los dirigentes de una organización política, cómodamente desde su casa y sin participar en acto alguno ni enviar alguna propuesta por escrito trabajada y fundada. A menudo se queja de la desunión de las llamadas “fuerzas nacionales” y clama por la unidad de los patriotas como sea y con quien sea. Dada su ociosidad y su necesidad de sensaciones que llenen su vacío, es muy fácil de manipular por el de segunda categoría, que le llega a convencer de que diga “Diego” donde decía antes “digo”. De hecho, el pseudo-patriota de segundo nivel no sería nada sin la cohorte de admiradores que provoca en los de la tercera, estableciéndose una relación política comparable a un “harén masculino” que rodea a un obeso eunuco, y que no se traduce lógicamente en la erótica del poder, sino en la impotencia política al ir contra el orden natural de las cosas.

4ª) El patriota purista. El que no tiene valor como él para ponerse una boina roja o una camisa azul no es verdadero patriota, y de él no quiere saber nada. Está anclado en el pasado y su actividad política se reduce a compartir ciertas vivencias con nostálgicos como él. Una prenda o símbolo del pasado vale más que el interés de España en el presente. No asume que vive en una época en la que todo lo que añora pasó a la historia.

5ª) El patriota papista (más papista que el Papa). Antepone al interés de nuestro Estado una idea peculiar de su catolicismo (que por supuesto no tiene nada que ver con el catolicismo tradicional, pues es una mezcla de algunos aspectos del tradicionalismo y democracia cristiana post Vaticano II) pretendiendo algunos de ellos incluso la subordinación del interés nacional de España al Estado Vaticano.

6ª) El patriota hortelano (ni come ni deja comer). Es el que te tiene media hora al teléfono para decirte en el último minuto que no votará a nadie en las elecciones porque no merece la pena, o el que te envía un escrito de quince folios en el que argumenta por qué hay que abstenerse, o pidiendo explicaciones de por qué tiene que votar a tu partido.

7ª) El falso patriota (el incitatus o provocator). Este es tan antiguo como el Imperio Romano, donde abundaba para vigilar los delitos de “lesa majestad” contra el Emperador. “El último de la promoción pasó a la Brigada de Información”, decía una canción de División 250. Algunos incluso creen que estando dentro de los servicios de inteligencia dirigidos por la casta hacen un gran servicio a España, como dice la propaganda para el enganche. Esta es una de las principales causas del retraso de 40 años del patriotismo español respecto al auge de los movimientos nacionalistas del resto de Europa (con excepción de Portugal). El Incitatus trata de introducirse en todos los partidos del área, pero abunda en unos más que en otros, sobre todo en aquellos en los que alguno de sus dirigentes tenga cuentas pendientes con la Justicia. Uno de sus principales instrumentos de actuación es la web, y por eso puede ser también el de la segunda o tercera categoría, de entre los que destacan los trolls, algunos de los cuales son patrocinados por patrioteros de la segunda. Lo mejor que se puede hacer respecto de estos es sencillamente pasar de ellos, salvo si se es dirigente, en cuyo caso se debe proceder con contundencia expulsando al traidor de la organización previo aislamiento para que no contamine al resto.

DN siempre ha tenido claro que NINGUNA de las citadas categorías puede pretender ser militante de DN por mucho tiempo. Podrán seguir engañando a parte del llamado “patriotismo español” con falsas banderas de enganche, pero a nosotros no nos engañarán, sobre todo después de experiencias del pasado, algunas todavía muy recientes.

Rodrigo Manrique.



DEMOCRACIA NACIONAL - ANTROPOLOGIA DEL PATRIOTERISMO ESPA?OL