miércoles, 14 de enero de 2015

La historia del patriota de Mondragón que no se asustó ante las intimidaciones de los terroristas.

‘No hay escolta si no te afilias al PP o al PSOE’

El drama de cientos de miles de vascos que tuvieron que escapar a otras zonas de España para huir de las amenazas y que fueron obviados por el Gobierno por su adscripción política.

Protesta callejera en una localidad vasca. /EFE

El caso de Jorge del Valle es solamente uno de los miles que se han dado en la comunidad vasca en los últimos treinta años. Es vasco, nacido casualmente en Mondragón, aunque vivió en Anzola y en Urretxu. Fue precisamente en esta localidad, durante su adolescencia, donde su vinculación a España, patriotismo como él mismo señala, se vio reforzada. Por eso decidió vincularse a grupos políticos minoritarios, pero claros en su defensa de una interpretación unitaria y no fragmentada de España.

Su opción fue ingresar en Democracia Nacional, un grupo que se define como “social-patriota”. Una decisión que le costó sufrir el rechazo social en su municipio del que se marchó a los 17 años ante las agresiones que sufría, casi a diario, por parte del entorno proetarra. Ese primer “exilio” duró poco, ya que al año siguiente fue a hacer la mili en el cuartel de Loyola. Una vez terminado el servicio militar volvió a su casa familiar en Urretxu.


Allí siguió defendiendo la españolidad de la región en la que había nacido, lo que renovó el acoso contra él por lo que decidió inscribirse en un gimnasio y no achantarse ante las intimidaciones. En decenas de ocasiones grupos proetarras le intentaron agredir cuando andaba solo o en compañía de algún amigo. En muchas de esas ocasiones tuvo que defenderse y en las que causó daños a sus agresores, vio con sorpresa como era denunciado como si él fuera el agresor.

Pero los ataques del Valle, por pensar diferente a sus vecinos, no se ciñeron a los grupos callejeros de proetarras, y eso que convocaron hasta tres manifestaciones frente a su casa para pedir que abandonase el municipio. El propio ayuntamiento de Urretxu, a través de su alcalde, Pello González, reunió firmas para pedir el destierro del joven. González ha tenido después una meteórica carrera política dentro del mundo separatista. Pasó por la ilegalizada Udalbitza y pasó por cargos como diputado foral de Hacienda. También ha sido candidato a presidir la Diputación Foral de Guipuzcoa.

Le niegan protección por su adscripción política

 

El momento clave para la vida de Jorge del Valle llegó tras la detención del jefe del aparato militar de ETA en diciembre de 2002. Ibón Fernández Iradi, conocido como Susper, fue interceptado por gendarmes franceses y retenido en la comisaría de Bayona, de donde escapó por un conducto de ventilación dos días después de su captura. Pese a su huida, los agentes franceses encontraron importante documentación en los dos pisos que usaba el etarra, uno en Pau y otro en Tarbes.

En ellos se encontraba información fundamental para la lucha contra el terrorismo. Hasta tal punto que se detuvo gracias a esa documentación a 60 terroristas y más de 90 colaboradores de la banda ETA. Pero también se encontraron listas de posibles objetivos de los terroristas de ultraizquierda. Políticos, empresarios, militares, policías,… y entre todos ellos figuraba Jorge del Valle, que fue llamado de inmediato a dependencias de la Policía Nacional donde le comunicaron que se encontraba en los “papeles de Susper”.

Del Valle ha contado a Gaceta.es que el seguimiento que le hicieron fue muy pormenorizado: “entre las anotaciones que había junto a mi nombre, mi dirección, mi lugar de trabajo y mis horarios, había comentarios como que tomaba medidas de seguridad, que estaba muy acostumbrado a peleas y que tenía una buena forma física adquirida en el gimnasio”.


Tras conocer todos esos detalles, solicitó que le facilitasen alguna medida de seguridad, “que me pusieran escolta o me dieran licencia de armas”, según asegura. La opción de la licencia de armas fue descartada de inmediato, y respecto a la escolta “me dijeron que yo era un objetivo claro de ETA, pero que para ponerme escolta tenía que estar afiliado al PP o al PSOE, que de lo contrario no podían hacer nada al respecto”.

Lo único que hicieron por él fue asignarle un número de seguridad G, con el que podía identificarse en comisarías y cuarteles de la Guardia Civil, para que, en caso de sentirse amenazado pudiera acudir a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Una medida muy por debajo de la que se concedió al resto de las personas que padecían el mismo nivel de amenaza que sufría Jorge del Valle tras aparecer en los papeles de Susper.

Durante dos años siguió en Urrechu, hasta que a mediados de 2004 decidió trasladarse a otra zona de España donde su vida y su integridad estuvieran protegidas de los asesinos de ultraizquierda de la banda terrorista ETA.

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