domingo, 15 de febrero de 2015

Revoluciones "espontáneas y populares"; un vistazo al pasado.


Este mes se cumple un año del Euromaidán, la revuelta aparentemente popular en Kiev. Sin entrar ahora en más debates al respecto, si algo debería quedar claro es que al contrario de lo que dicen sus defensores, no fue ni espontánea ni popular, sino una operación de inteligencia muy bien organizada con el objetivo de derrocar al gobierno por uno más afín a sus intereses (en este caso, a los de EEUU y su proxy la UE).

Hemos de hacernos la idea de que esta forma de organizar golpes de Estado desde fuera movilizando sectores sociales descontentos con el gobierno en cuestión va a ser más y más común desde el fin de la soberanía westfaliana, ya que combina dos conceptos post-Westfalia como el de la "intervención humanitaria" y el de "libre autodeterminación" usados para justificar de cara a las masas todo tipo de agresiones militares, ocupaciones y derrocamientos, y como disidentes debemos aprender a identificar estos movimientos en la sombra, algo que la mayoría de la gente no será capaz de hacer incapaces de ver más allá de las manipulaciones informativas en los medios de masas.

Aunque ahora se vaya a extenderse como nunca lo había hecho, no es algo nuevo, ya se hizo con éxito con las llamadas revoluciones de colores y más recientemente, con la Primavera Árabe. Pero es incluso más antiguo, sí, incluso anterior al XIX. Y en esta serie de artículos vamos a tratar de recopilar todo tipo de "revoluciones populares" que tenían la mano detrás, no ya solamente de un grupo político organizado e ideologizado, sino de sociedades secretas, potencias extranjeras y/o individuos extremadamente poderosos.

Comienzo con una que es interesante por su fecha y por quien estaba detrás. París, mayo de 1588, en el Día de las Barricadas se extiende una revuelta popular católica contra el rey Enrique III bajo el mando del Duque de Guisa y el Consejo de los Dieciséis, llenando la ciudad de barricadas para defenderse de las tropas reales. El rey finalmente huye de París y se ve obligado a firmar un edicto por el que se comprometía a acabar con el protestantismo en el reino. ¿Nos suena familiar este modo de actuar, verdad? Solo faltaría el Twitter. Pues igual de familiar nos resultarán los movimientos en la sombra que lo organizaron.

Para ponernos en contexto, Felipe II de España abrió embajadas a lo largo y ancho del imperio, incluso en las capitales de sus enemigos. Estas embajadas (como sigue ocurriendo hoy en día) eran tapaderas para las labores de espionaje. Como comparación, Inglaterra únicamente tenía un embajador permanente: en París. España en cambio tenía embajadores en todas las capitales del mundo: Londres, París, Roma, Lisboa, etc. Si el gasto inglés en espionaje estaba sobre unos 16000 ducados en 6 años, esa misma cantidad la gastó un solo individuo, Bernardino de Mendoza el embajador en París, en tan solo 6 meses.

Sigamos con este hombre, Bernardino de Mendoza, pieza fundamental en la historia. Antes de ser embajador en París lo fue 6 años en Londres, donde estuvo financiando y apoyando a la oposición católica a Isabel II, tiempo durante el cual también desarrolla los sistemas de cifrado mas avanzados de la época. De allí es expulsado al descubrirse que estaba detrás de varias revueltas e incluso intentos asesinato de la reina. Y ya en París es donde organiza el Día de las Barricadas, usando el descontento popular con el rey francés para organizar una revuelta en su contra, con el objetivo de acabar con el protestantismo y distraer a los hugonotes franceses de interferir con la fallida invasión española de Bretaña. Durante este tiempo, llega a tener en su nómina al embajador francés en Londres y al embajador inglés en París a la vez.

Día de las Barricadas.

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